ARQUITECTURA

El muro corsé,un manifiesto frágil

El muro corsé, deliberadamente pretencioso, táctil, dúctil, performático y político. Un manifiesto frágil, un tejido de arcilla que dialoga y redefine relaciones y espacios persiguiendo el trópico en el exterior e interior.

Por: Facundo Baudoin, Arquitecto CEO de la consultora Baudoin Arquitectos C.A.

Todo aquel que empieza a tocar una guitarra entre amigos, lo hace por una suerte de búsqueda para llamar la atención sobre una parte de su atractivo (cito de memoria palabras de Luis Eduardo Aute, en una entrevista para la televisión española). Quizás esta sea una de las necesidades del artista al expresarse, no sólo con el resto sino también consigo mismo. Por eso revisa una y otra vez y corrige su obra llegando a detalles muchas veces absurdamente diminutos e imperceptibles, que habitan sobre todo en su pensamiento.
Siempre he sentido una atracción por lo cotidiano, por mirar en la calle las personas e imaginar su forma de vida, adónde van, de dónde vienen; de allí y bajo la tutela de Víctor Maldonado, descubrí Carne y piedra de Sennett para luego pasar a Alberto Sato, Georges Perec, Jane Jacobs, Manuel Delgado y Michel de Certeau, entre otros, que por respeto, pudor y falsa modestia dejaré de enumerar.
Como muchos de cierta edad en Latinoamérica, experimentamos la rebeldía en nuestros padres buscando maniqueamente un mejor mundo posible, a partir de un renacimiento latinoamericano que luego nos confrontó con lo que llaman la política de la realidad y el poder fáctico. Quizás este fue mi primer encuentro con el género. Los hombres deben ser valientes, acompañados de las mujeres que los contengan. La “labor” debe convertirse en “trabajo” para poder ser digna justicia. Soy zurdo y disléxico, cosa que con el costo de la confusión me dotó del esfuerzo de siempre recordar que había una diferencia contrastante entre la derecha y la izquierda.
Nací en Venezuela, pero una en casa gran parte del tiempo estábamos en Bolivia (no veníamos casi nunca, pero mis padres vivían pensando en regresar). La primera vez que vine a vivir a Bolivia, me sorprendió de qué manera géneros y clases sociales ocupaban los espacios del trabajo en la mayoría de las casas.
Mi segundo viaje a Santa Cruz me reveló un otro trópico posible, similar y a la vez distinto, del que había aprendido en Caracas. Mi hermana Magela quería le amplíe la cocina de su casa. La cocina, en tamaño, ubicación y relevancia, se correspondía más con las partes secretas de nuestro cuerpo que con las que naturalmente nos permiten mirar y exponernos. Mi decisión, casi inconsciente, fue responder al encargo, democratizando el uso de este espacio y dignificando sus concedidas y minúsculas proporciones originales.
Así nació “El muro corsé”, deliberadamente pretencioso, táctil, dúctil, performático y político. Un manifiesto frágil, un tejido de arcilla que dialoga y redefine relaciones y espacios persiguiendo el trópico en el exterior e interior. Un espacio en desarrollo y así compuesto también de sus habitantes. Y para no continuar hablando de lo que pienso, he preferido entonces que, quien hiciera su encargo, lo defina:
“La arquitectura hace eso, ¿no? Ocupar los espacios de memorias. Hoy estoy lejos de casa, necesariamente algo melancólica y lo que me arropa del invierno son los recuerdos. Hay días que solo me visto de ellos. Yo fumando en la galería de ladrillos, con un libro en la mano. Yo y el verde de los árboles contra naranja del piso y del gran muro. La casa ocurre a través de las ventanas: Sergio cocina, los chicos entran y salen, robando de la fuente que su padre va llenando, mi suegra lo acompaña con una taza azul de café. También están el perro y la gata. Uno a mis pies, la otra en el contrafuerte anaranjado, caminando su perfil curvo.
Mi hermano, el arquitecto que tejió el muro corsé para nosotros, también está ahí. Lo veo dibujando los ángulos de la altiva casa en su cuaderno; escuchando el rumor de los árboles de mango mecidos por el viento de agosto; observándome a mí, que trabajo en casa y que me paso huyendo del ruido.
Se da cuenta de que me gusta el ladrillo, el color, su nobleza envejecida; de que escribo mejor afuera que adentro, en los lugares intermedios; de que Sergio nos amansa desde las hornallas y que, precisamente por eso, será ese lugar el centro de todo lo importante: los amigos, los hijos, nosotros, cada uno; por separado y con los otros, incluso con la gata ágil y el perro bullicioso.
Así observándonos, el arquitecto convierte la trastienda, el viejo lugar-depósito, en eje. La puerta principal deja casi de abrirse. El nuevo tránsito ocurre por la cocina, por el pasillo de naranja. Se impone la perspectiva de los árboles contra el muro. Algunos se quedan charlando afuera, se sientan a fumar un pucho; otros asaltan la cocina. El corazón de la casa late en la cocina, con su techo de vidrio, que espía el cielo de los árboles. La estoy viendo desde afuera, llena de voces y también de silencio. Las vicisitudes de un día cualquiera.
Sí, la arquitectura sirve para recordar, para contener eso que nos salva después y nos sostiene.” (Magela Baudoin)

  • Corsé (galicismo de corset) prenda utilizada para estilizar y moldear la figura humana de forma deseada, por razones estéticas y o médicas.
    “Y cuando hayáis perdido toda la valentía,
    locos de cobardía, os deseo que inventéis nuevos
    y frágiles usos para vuestros cuerpos vulnerables.
    Porque os amo, es que os deseo débiles y no valientes.
    Porque la revolución actúa a través de la debilidad.”
    Paul B. Preciado. Un apartamento en Urano.

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