ARQUITECTURA

Roberto Franco: “El arquitecto boliviano debe transformar con responsabilidad y visión”

“Estudio 7” de Roberto Franco, fue sido elegido como portada del anuario de Casacor Bolivia, un reconocimiento que refleja el valor de su trabajo colaborativo y su enfoque emocional.

A través de proyectos residenciales, comerciales e interiorismo, Franco ha demostrado que es posible combinar elegancia y funcionalidad sin perder la esencia. Con su propuesta “Estudio 7”, destaca la importancia de la honestidad en el diseño, el uso consciente de los materiales y la creación de espacios que realmente mejoren la vida de las personas. Frente a los desafíos actuales, sostiene que el rol del arquitecto va más allá de lo estético: implica compromiso con la sostenibilidad, la realidad local y la transformación social.

¿Qué representa para usted haber sido elegido (su trabajo) como la portada del anuario de Casacor Bolivia este año?

Es un reconocimiento al esfuerzo, trabajo en equipo, reconocimiento al talento, la portada no solo es una linda imagen, es una fotografía cargada de sentimientos positivos.

En tiempos difíciles como los actuales, ¿cómo cree que la arquitectura puede seguir aportando valor sin perder calidad ni sentido práctico?

La arquitectura tiene la capacidad de adaptarse y responder a los contextos sociales, económicos y culturales. Hoy más que nunca, debemos diseñar con conciencia: optimizar recursos, buscar soluciones eficientes y sostenibles, y entender que el valor de un proyecto no está solo en su apariencia, sino en cómo mejora la vida de quienes lo habitan. La calidad no siempre significa alto costo; muchas veces está en los detalles, en la intención y en la honestidad del diseño.

Estudio 7 combina elegancia con funcionalidad. ¿Cómo logró que estos dos conceptos convivan sin que uno opaque al otro?

Desde el inicio nos propusimos que ningún elemento fuera solamente decorativo. Cada decisión estética nace de una función clara. Trabajamos con una paleta de materiales sobria y atemporal, donde la iluminación, las texturas y las proporciones juegan un rol clave. El equilibrio se dio de forma natural al priorizar la experiencia del usuario y no solamente la imagen.

Los materiales que eligió son sofisticados y de gran formato. ¿Cómo tomó decisiones pensando también en la realidad del mercado y su viabilidad?

Elegimos materiales que transmiten elegancia, pero que también son duraderos, fáciles de mantener y disponibles localmente o mediante proveedores accesibles. Queríamos que el espacio se sintiera exclusivo sin dejar de ser alcanzable, mostrando que se puede lograr sofisticación sin excesos. Cada elección fue pensada desde la estética, pero también desde la eficiencia y la adaptabilidad al mercado boliviano.

¿Qué cree que debería aportar un arquitecto boliviano hoy, más allá de lo estético, frente a los desafíos actuales del país?

Más que nunca, el arquitecto boliviano debe ser un agente de cambio. Nuestra labor va más allá del diseño: implica responsabilidad social, sostenibilidad, y visión de futuro. Debemos proponer soluciones que respondan a nuestras realidades climáticas, económicas y culturales, y que promuevan una mejor calidad de vida. Lo estético es importante, pero no puede ir desconectado del impacto que generamos en nuestro entorno.

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