
El urbanismo moderno: pequeñas anécdotas sobre las instituciones
Parte III
Por Facundo Baudoin, Arquitecto, CEO de la consultora Baudoin Arquitectos C.A

El espacio abierto y de libertad de la revolución francesa será dominio de las multitudes hechas masa definida por Gustave Le Bon y como consecuencia vuelta en contra de quienes se encontraban en la cúspide del poder. Por esta razón los revolucionarios gobernantes trataron de establecer un orden de cierta diciplina en la calle. Así crearon festivales con coreografías e indumentarias formales que indujeran el comportamiento de las personas, tratando de establecer rituales simbólicos frente al espacio abierto y público. Con esta institucionalización de lo público hecho ritual, los cuerpos ciudadanos en el espacio abierto quedaran neutralizados y controlados.
Un ejemplo de esto fue el festival de David de 1792 en París, que inició en el distrito San Antonio, donde años antes había estallado la revolución del Pan. En este evento los jefes de policía simbólicamente portaban espigas de trigo en vez de porras. De esta manera el grano aparecía como símbolo de libertad, plenitud y no de hambre. El mismo espacio conmemoraba el hecho político de manera ritual y cívica.
Y si de institucionalización del espacio público y urbano tratamos, no podemos dejar de referirnos al Londres eduardino, calificado también como la nueva Roma. Donde avenidas demostraban su esplendor imperial en millas de exuberantes y lujosos edificios gubernamentales y financieros. Imponentes mansiones y construcciones de clase media alta ornamentadas de manera armoniosa y continua con estuco. Es aquí, donde como autor, estimo hemos llegado a lo que definirá en sí el urbanismo moderno, zonificado en áreas y usos fluido para el individuo a la vez que segmentado para las masas. Planificado bajo parámetros medibles con el costo de usos del suelo y operaciones inmobiliarias como uno de sus elementos más relevantes de la definición de usos y segmentación social.
Esta ciudad del siglo XIX sorprende por su ordenamiento político en el que la estructura de clases es absoluta y clara. Citando una Comisión Real sobre las Viviendas de Clases Trabajadoras tenemos en 1885: “Son demolidos los tugurios, lo que en general redunda positivamente para la vecindad desde un punto de vista sanitario y social, pero no han sido sustituidos por ningún tipo de alojamiento para los pobres…”
Londres será la ciudad de la segmentación social y el individualismo en donde todos transcurren aceleradamente sin fijarse en el otro, en un movimiento fluido y simultáneo de independientes destinos. Si el urbanismo de la ilustración había buscado individuos estimulados por el movimiento de la muchedumbre. El del siglo XIX buscaba que la muchedumbre protegiera a estos individuos en el anonimato mientras venas y arterias redistribuirán el tráfico vehicular de manera cada vez más expedita.
Jhon Nash será el autor de las dos más grandes intervenciones continúas en la ciudad durante este periodo: Regent´s Park, basando en un gran parque como pulmón y la velocidad como objetivo. En esta intervención, el planificador, uso el área verde de manera contemplativa rodeándola de una avenida continua para que los coches pudiesen trascurrir a gran velocidad. Para esto eliminó edificaciones y todo obstáculo que impidiese el desenvolvimiento continuo del tráfico. Al otro lado grandes manzanas conglomeraban hasta veinte edificaciones que difuminaban su individualidad de manera monolítica a partir de la ornamentación continua de sus fachadas con piedra y estuco.
En su extremo sur Regent´s Park se comunica con Regent Street, un gran boulevard que contenía abundante tráfico tanto peatonal como vehicular. Aplicando la misma formula de macizas manzanas de edificios visualmente unificados en sus fachadas, Nash transforma el antiguo uso de vivienda en planta baja por el de comercios. De esta manera logra emular de manera contenida y a partir del vacío de las calles, las galerías comerciales del Paris del momento. El urbanista se vale de la especificidad del tráfico rodado y peatonal para remarcar las divisiones de uso y el individualismo, evitando las aglomeraciones de masas.
Principios como los de Londres, serán trasladados a la transformación de París planificada por el Barón Hauman, El plan Cerdá de Barcelona y de allí en adelante pare de contar.
La velocidad, acompañada de la especialización del trabajo, la zonificación de usos del suelo, prometerán una sociedad cada vez más domesticada y estupefacta por la comodidad. Los carruajes permitirán aislar al individuo del entorno que le rodea y aparecerán nuevos medios de trasporte masivo como el tranvía o metro en los que la experiencia del trasporte encarrilado tendrá más que ver con lo que sucede en el interior del vehículo que con su exterior.
Todo esto vendrá gestado del desarrollo tecnológico de la primera y posterior segunda revolución industrial, que permitieron pasos agigantados en el desarrollo arquitectónico y urbano. De esta manera se ha conformado en el individuo simultáneamente la desensibilización del cuerpo, y una cada vez más intensa experiencia vicaria, que no ha dejado de crecer hasta nuestros días.




